Mesera trató con amabilidad y respeto a un viejo vagabundo y estas son las consecuencias que obtuvo.

La bondad es una cualidad que poco a poco hemos ido perdiendo por golpes que nos ha dado la vida y el mundo en que vivimos.

Vivimos tan preocupados por nosotros mismos, que a veces olvidamos que hay otros seres en el mundo cuyas historias de vida no han sido tan buenas como la nuestra.

Pero esta mesera cambió su vida con una sola acción, por su grande y valioso corazón.

Lupita es una mesera en Texas, Estados Unidos, su vida se transformó el día que entro un vagabundo a comer al restaurante donde ella trabajaba.

El hombre olía mal y caminaba apoyado en un viejo bastón, el se sentó en una mesa justo en medio del lugar.

Cuando Lupita se acercó para tomar su orden, las cosas cambiaron rápidamente.

Lo atendió como a cualquier cliente, en ese momento los comensales comenzaron a quejarse por la apariencia y el olor del viejo vagabundo.


No tenía nada que hacer ahí, ya que después de todo, ¿cómo iba a pagar por una comida?

A Lupita no le importo, ella tomó la orden con una sonrisa.

La cara del viejo cambió completamente al ver la manera en que Lupita lo atendía, era la primera vez después de mucho tiempo, que alguien lo trataba como ser humano y no como un estorbo, ya que la mayoría de la gente lo discriminaba, ahora hubo alguien que le hablaba con dignidad y respeto.

“Mi nombre es Lupita; si necesita algo estaré aquí para atenderlo”, le dijo al viejo vagabundo mientras le daba la carta.

Las otras meseras la miraban feo e incluso le reclamaron por eso, y le pidieron que lo sacara, pero ella lo defendió y no permitió que lo sacaran del restaurante.

El gerente del restaurante permitió que se quedara, pero advirtió a Lupita que si el viejo vagabundo no tenía dinero para pagar, se lo descontaría a ella de su sueldo, y sin pensarlo Lupita dijo que sí, que una comida caliente no se le niega a nadie.


El hombre pidió una orden de panqueques y huevos con tocino, servido con café.
Cuando terminó de comer Lupita se le acercó y le dijo que no se preocupara por la cuenta, que ella lo invitaba.

El vagabundo agradeció con la cabeza, terminó su café y se retiró.

Cuando el viejo vagabundo se retiró, Lupita quedó completamente sorprendida.

Al levantar el plato encontró un billete de 100 dólares, una tarjeta de presentación y una nota escrita en una servilleta la cual decía:
“Querida Lupita, la respeto mucho y usted se respeta también, eso es evidente por la manera en que trata usted a las personas sin importar raza, color y/o estatus social; Usted ha hallado el secreto de la felicidad, sus gestos bondadosos, su gran corazón la guiarán entre quienes la conozcan”.

La tarjeta era del dueño del restaurante, quien se disfrazó para ver cómo sus empleados trataban a los clientes, sin importar el aspecto de éstos.

Lupita ascendió de puesto una semana después, de ser mesera ahora es gerente del restaurante.

Un pequeño acto de bondad puede tener grandes consecuencias en nuestra vida.

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